BIOGRAFÍA DE SUCRE

Por el LIBERTADOR SIMÓN BOLÍVAR

Tomado de la Revista el Ejército Nacional, Tomo VIII. Febrero 3 de 1945. No. 94

Nota Editorial

La Universidad de Guayaquil edita nuevamente la biografía del General Sucre escrita en 1825 por el Libertador Simón Bolívar; lo cual se hace con motivo del Bicentenario del Nacimiento de Sucre, que se cumple el 3 de febrero de 1995.

COMISIÓN PERMANENTE  de la Defensa del Patrimonio Nacional.

EL LIBERTADOR

Homenaje al Mariscal de Ayacucho

La Sociedad Bolivariana del Ecuador ha resucito como uno de los números del nutrido y brillante programa, con el que conmemorará el 150 Aniversario del nacimiento de Sucre en Cumaná, el 3 de Febrero de 1785, se edite un número extraordinario de esta Revista, en cuyas páginas se divulguen las Glorias y la obra del Mariscal guerrero estadista, diplomático, legislador, filosofo, ciudadano y patriota y en todo grande y en todo ejemplar insuperable.

La Dirección de El Libertador, en el complejo trance de satisfacer los imperativos de los bolivarianos, que han honrado al Vencedor en Pichincha en múltiples ocasiones y con pompa solemne en veces, laudable siempre, y sentida en toda oportunidad, ha creído lo más conveniente resumir, en pocas páginas, la vida heroica, gloriosa y constructora del insigne teniente de Bolívar, y, para hacerlo, no ha tenido sino que recurrir a las biografías, a loa escritos, a las cartas, a los recuerdos de la epopeya magna, en todos las que se perfila la figura luminosa de nuestro Libertador inmediato, con caracteres únicos, propios solo de la hidalguía, de la modestia, de la rectitud moral, de la severidad, de la probidad, de la energía, del valor heroico, de la benevolencia, de la generosidad, del desprendimiento, que distinguieron a este singular personaje, de quien Bolívar dijera ser la cabeza mejor organizada de Colombia y a quien uno de sus biógrafos lo llama "el Mariscal de las virtudes".

El Libertador escribió, en 1825, una breve pero espléndida biografía de Sucre. Ese hecho pone de relieve el valor moral, intelectual, incomparable del héroe. En la historia heroica de las naciones apenas si se encuentra un caso similar a éste. El Genio de la guerra, el arbitro de la paz, como escribía Olmedo, consagrando para todos los tiempos la figura prócera del más noble y leal de sus Tenientes. Él fundador de naciones, enalteciendo la figura de la que dijo un día "estoy resuelto a sacarlo a luz seguro que me rivalizará... Y aquí ese admirable punto de consideración: en Pichincha, como en Ayacucho y en Tarqui. Sucre proclamará, que sí Bolívar no estuvo materialmente presente en esas acciones de armas, el Genio, fue inspirador de los combatientes, con cuyo solo nombre por bandera, y su gloria por estimulo se triunfó, correspondiendo todos los honores al organizador del Ejército y al que le dio la vida para los sacrificios por la libertad....

Siendo, pues, la Biografía de Sucre. escrita por el Libertador, la corona de laureles más valiosa que orla la frente de Sucre, por lo mismo que las páginas aquellas sobrevivirán en la historia más que los monumentos consagrados al Mariscal, es lógico que las páginas editoriales de la Revista se engalanen con aquella admirable biografía que sólo la pudo escribir el poeta de la guerra emancipadora, la cabeza de los milagros, la lengua de las maravillas, como se dijo del Libertador.

Con sólo cito estaría más que cumplido y satisfecho el noble anhelo bolivariano, pero hemos considerado del caso, como se leerá luego, resumir de unas tantas obras abiertas sobre nuestra mesa de trabajo, las legendarias actividades de Sucre, en todos los órdenes de su múltiple personalidad.

Además seleccionamos de! epistolario de Sucre y de sus archivos unas pocas canas y documentos escritos forjados, por el insigne Mariscal para que sobrevivan a su memoria y en los que se ostenta, sin sombras de dudas y de vacilaciones, el alma puritana del filósofo y de la Libertad y del soldado integérrimo y pulcro, demócrata y liberal, paradigma de todos los más nobles atributos humanos.

UN SUMARIO MAESTRO DE UNA PLUMA MAESTRA

E1 Libertador, escribió, a Sucre, desde Lima, en 21 de Febrero de 1825 Usted créame. General, nadie ama la gloría de usted tanto como yo. Jamás un Jefe ha tributado más gloria a un subalterno. Ahora mismo se esta imprimiendo una relación dé la vida de usted hecha por mi, en que, cumpliendo con mi conciencia, le doy a usted cuanto merece...

"El General Antonio José de Sucre nació en la ciudad de Cumaná, provincia de Venezuela, el ano de 1795 de padres ricos y distinguidos.

Recibió su primera educación en la capital. Caracas. En e! año de 1802 principió sus estudios de matemáticas para seguir la carrera de ingeniero. Empezada la revolución se dedicó a esta arma y mostró desde los primeros momentos una aplicación y una inteligencia que lo hicieron sobresalir entre sus compañeros. Muy pronto empezó la guerra y desde luego el General Sucre salió a campaña. Sirvió a las órdenes del General Miranda con distinción en los años 11 y 12. Cuando los Generales Mariño, Piar, Bermúdez y Valdez emprendieron la reconquista de su patria, en el año de 1813 por la parte oriental, el joven Sucre les acompañó a una empresa la más atrevida y temeraria. Apenas un puñado de valientes, que no pasaban de ciento, intentaron y lograron la libertad de tres provincias. Sucre siempre se distinguía por su infatigable actividad, por su inteligencia y por su valor. En los célebres campos de Maturin y Cumaná se encontraba de ordinario al lado de los más audaces, rompiendo las filas enemigas, destrozando ejércitos contrarios con tres o cuatro compañías de voluntarios que componían todas nuestras fuerzas. La Grecia nos ofrece prodigios mayores. Quinientos paisanos armados, mandados por el intrépido Piar, destrozaron ocho mil españoles en tres combares en campo raso- E! General Sucre era uno de los que se distinguían en medio de estos héroes.

El General Sucre sirvió el E.M.G. del Ejército de Oriente desde el año de 1816 hasta el año 1817 siempre con aquel celo. talento y conocimientos que lo han distinguido tanto. El era el alma del ejercitó en que servia. EÍ metodizaba todo: él lo dirigía todo. más, con esa modestia, con esa gracia con que hermosea cuanto ejecuta. En medio de las combustiones que necesariamente nacen de la guerra y de la revolución, el General Sucre se hallaba frecuentemente de mediador, de consejero, de guía, sin perder nunca de vista la buena causa y el buen camino. El era el azote de! desorden y, sinembargo, el amigo de todos.

Su adhesión al Libertador y al Gobierno lo ponían a menudo en posiciones difíciles, cuando los partidos domésticos encendían los espíritus; E! General Sucre quedaba en la tempestad semejante a una roca, combatida por las olas. clavados los ojos en la patria, y sin perder, no obstante, el aprecio y amor de los que combatía.

Después de la batalla de Boyacá, el General Sucre fue nombrado Jefe del Estado Mayor General Libertador, cuyo destino desempeñó con su asombrosa actividad. En esta capacidad, asociado a! General Briceño y al Coronel Pérez, negoció el armisticio y regularización de la guerra con el General Morillo el año de 1820. Este tratado es digno del alma del General Sucre: la benignidad, la clemencia, el genio de la beneficencia lo dictaron: él será eterno como el nombre del vencedor de Ayacucho.

Luego fue destinado desde Bogotá a mandar la división de tropas que el Gobierno de Colombia puso a sus órdenes para auxiliar a Guayaquil que se habla insurreccionado .contra el Gobierno español. Allí Sucre desplegó su genio conciliador, cortés, activo, audaz.

Dos derrotas consecutivas pusieron a Guayaquil al lado del abismo. Todo estaba perdido en aquella ¿poca: nadie esperaba salud, sino en un prodigio de la buena suerte. Pero el General Sucre se hallaba en Guayaquil y bastaba su presencia para hacerlo todo. El pueblo deseaba librarse de la esclavitud: e! General Sucre dirigió este noble deseo con acierto y con gloria. Triunfa en Yaguachi. y libra así a Guayaquil. Después un nuevo ejército se presentó en las puertas de esta misma ciudad, vencedor y fuerte. EÍ General Sucre lo conjuró, lo rechazó sin combatirlo. Su política logró lo que sus armas no hablan alcanzado. La destreza del General Sucre obtuvo un armisticio del General español, que en realidad era una victoria. Gran parte de la batalla de Pichincha se debe a esta hábil negociación; porque sin ella, aquella celebre jornada no habría tenido lugar. Todo habría sucumbido entonces, no teniendo a su disposición el , General Sucre medios de resistencia.

El General Sucre formó, en fin, un ejército respetable durante aquel armisticio con las tropas que levantó en el país, con las que recibió del Gobierno de Colombia y con la división del General Santa Cruz que obtuvo del Protector del Perú, por resultado de su incansable perseverancia en solicitar por todas partes enemigos a los españoles poseedores de Quito.

La Campaña que terminó la guerra del Sur de Colombia, fue dirigida y mandada en persona por el General Sucre; en ella mostró sus talemos y virtudes militares: superó dificultades que parecían invencibles: la naturaleza le ofrecía obstáculos, privaciones y penas durísimas. Más a todo sabia remediar su genio fecundo. La batalla de Pichincha consumó la obra. Entonces fue nombrado en premio de sus servicios, General de División e Intendente del Departamento de Quito. Aquellos pueblos veían en el su libertador, su amigo; se mostraron más satisfechos del Jefe que les era destinado, que de la libertad misma que recibían de sus manos. El bien dura poco; bien pronto lo perdieron.

La pertinaz ciudad de Pasto se sublevó poco después de la capitulación que le concedió el Libertador con una generosidad sin ejemplo en la guerra. La de Ayacucho que acabamos de ver con asombro, no le era comparable. Sin embargo, este pueblo ingrato y pérfido obligó al Genera! Sucre a marchar contra él, a la cabeza de algunos batallones y escuadrones de la guardia colombiana. Los abismos, las torrentes, los escarpados precipicios de Pasto fueron franqueados por los invencibles soldados de Colombia. El General Sucre los guiaba, y Pasto fue nuevamente reducida al deber. El General Sucre, bies pronto fue destinado a una doble misión militar y diplomática cerca de este Gobierno, cuyo objeto era hallarse al lado del Presidente de la República para intervenir en la ejecución de las operaciones de las tropas colombianas auxiliares del Perú. Apenas llegó a esta capital, cuando el Gobierno del Perú instó, repetida y fuertemente, para que tomase el mando del ejército unido; él se denegó a ello. siguiendo su deber y su propia moderación, hasta que la aproximación del enemigo con fuerzas muy superiores convirtió la aceptación del mando en una honrosa obligación. Todo estaba en desorden; todo iba a sucumbir sin el jefe militar que pusiese en defensa la plaza del Callao, con las fuerzas que ocupaban esta capital. El General Sucre tomó, a su pesar el mando.

El Congreso que había sido ultrajado por el Presidente Riva- Agüero, depuso a este magistrado luego que entró en el Callao, y autorizó al General Sucre para que obrase militar y políticamente como Jefe Supremo. Las circunstancias eran terribles, urgentísimas; no había que vacilar sino obrar con decisión.

El General Sucre renunció, sinembargo, el mando que le confería el Congreso, el que siempre insistía con mayor ardor en el mismo empeño, como qué era él el único hombre que podía salvar la patria en aquel conflicto tan tremendo. El Callao encerraba la caja de Pandora, y al mismo tiempo era un caos....El enemigo estaba a !as puertas con fuerzas dobles: la plaza no estaba preparada para un sitio; los cuerpos que la guarnecían eran de diferentes Estados; de diferentes partidos; el Congreso y el Poder Ejecutivo luchaban de mano armada; todo el mundo mandaba en aquel lugar de confusión, y al parecer el General Sucre era responsable de todo. El, pues, tomó la resolución de defender la plaza, con tal que las autoridades supremas la evacuasen, cómo ya se había determinado de antemano por parte del Congreso y

del Poder Ejecutivo. Aconsejó a ambos cuerpos que se entendiesen y transigiesen sus diferencias en Trujillo, que era el lugar designado para su residencia.

El General Sucre tenia órdenes positivas de su Gobierno de sostener al del Perú, pero de abstenerse de intervenir en diferencias intestinas; ésta fue su conducta invariable, observando religiosamente sus instrucciones. Por lo mismo, ambos partidos se quejaban de indiferencia, de indolencia, de apatía por parte del General de Colombia, que si había tomado el mando militar, había sido con suma repugnancia, y sólo por complacer a las autoridades peruanas; pero bien resuelto a no ejercer Otro mando que el estrictamente militar. Tal fue su comportamiento en medio de tan difíciles circunstancias. El Perú puede decir si la verdad dicta estás líneas.

Las operaciones de! General Santa Cruz en el Alto Perú habían empezado con buen suceso y esperanzas probables El General Sucre había recibido órdenes de embarcarse con cuatro mil hombres de las tropas aliadas, hacia aquella parte. En efecto, dirige su marcha con tres mil colombianos y chilenos, desembarca en el puerto de Quilca, y toma la ciudad de Arequipa. Abre comunicaciones con el General Santa Cruz que se hallaba en el Alto Perú: a pesar de no recibir demanda alguna de dicho General de auxilios, dispone todo para obrar inmediatamente contra el enemigo común. Sus tropas habían llegado muy estropeadas, como todas las que hacen aquella navegación; los caballos y bagajes, había costado una inmensa dificultad obtenerlos, las tropas de Chile se hallaban desnudas, y debieron vestirse antes de emprender una campaña rigurosa. Sinembargo, todo se efectuó en pocas semanas. Ya la división del General Sucre había recibido parte del General Santa Cruz que la llamaba en su auxilio, y algunas horas después de la recepción de esté parte estaba en marcha, cuando se recibió el triste anuncio dé la disolución de la división peruana en las inmediaciones del Desaguadero. Por entonces todo cambiaba de aspecto. Era, pues, indispensable mudar de plan. E! General Sucre tuvo una entrevista con el General Santa Cruz en Moquegua, y allí combinaron sus ulteriores operaciones La división que mandaba el General Sucre, vino a Pisco, y de allí pás6, por orden del Libertador, a Supe para oponerse a loa planes de Riva - Agüero que obraba de concierto con tos españoles.

En estas circunstancias el General Sucre instó al Libertador para que le permitiese ir a tomar el valle de Jauja con las tropas de Colombia, para oponerse allí al General Canteras que venia del Sur. Riva - Agüero habla ofrecido cooperar a esta maniobra, más su perfidia pretendía engañarnos. Su intento era dilatarla hasta que llegasen los españoles, sus auxiliares. Tan miserable treta no podía alucinar el Libertador, qué la .había previsto con anticipación, o más bien que la conocía por documentos interceptados de los traidores y de tos enemigos.

E! General Sucre dio en aquel momento brillante testimonio de su carácter generoso. Riva - Agüero lo había calumniado atrozmente; lo suponía autor de los decretos del Congreso, el agente de la ambición del Libertador; el instrumento de su ruina. No obstante esto, Sucre ruega encarecida y ardientemente al Libertador, para que no lo emplee en la campaña contra Riva- Agüero, ni aun como simple soldado, apenas se pudo conseguir de él, que siguiese como espectador, y no como jefe del ejército unido; su resistencia era absoluta. El decía que de ningún modo convenía la intervención de los auxiliares en aquella lucha, e infinitamente menos la suya propia; porque se le suponía enemigo personal de a Riva- Agüero, y competidor al mando. El Libertador cedió con infinito sentimiento, según se dijo, a los vehementes clamores del General Sucre. E1 tomó en persona el mando del ejército, hasta que el General La Fuente por su noble resolución de ahogar la traición de un Jefe, y la guerra civil de su patria, prendió a Riva- Agüero y a sus cómplices, Entonces el Genera! Sucre volvió a tomar el mando del ejército; lo acantonó en la provincia de Huailas donde se le ordenó, allí su economía desplegó todos sus recursos para mantener con comodidad y agrado las tropas de Colombia. Hasta entonces aquel departamento había producido muy poco o nada al Estado. Sin embargo el General Sucre establece el orden más estricto para la subsistencia del ejército. conciliando a la vez el Sacrificio de los pueblos y disminuyendo el dolor de las exacciones militares con su inagotable bondad y con su infinita: dulzura. Así fue que el pueblo y el ejército se encontraron tan bien, cuanto las circunstancias lo permitían.

Sucre tuvo orden de hacer un reconocimiento dé la frontera, como lo efectuó con el esmero qué acostumbra, y dictó aquellas providencias preparatorias que debían servirnos para realizar la próxima campaña.

Cuando la traición del Callao y de Torre- Tegle llamó los enemigos a Lima, el General Sucre recibió órdenes de contrarrestar el complicado sistema de maquinaciones pérfidas que se extendió en todo el territorio contra la libertad del país, la gloria del Libertador y el honor de los colombianos.

El General Sucre combatió con suceso a todos los adversarios de la buena causa; escribió con sus manos resmas de papel para impugnar a los enemigos del Perú y de la libertad; para sostener a los buenos,- para combatir a los qué empezaban a desfallecer por los prestigios del error triunfante. El General Sucre escribió a sus amigos, que más interés habla tomado por la causa del Perú, que por una que le fuese propia o perteneciese a su familia. Jamás había desplegado un celo tan infatigable; más sus servicios no se vieron burlados; ellos lograron retener en la causa de la patria, a muchas que la habrían abandonado sin el empeño generoso de Sucre; Este General tomó al mismo tiempo a su cargo la dirección de los preparativos que produjeron el efecto maravilloso de llevar el ejército del Valle de Jauja por encima de los Andes, helados y desiertos. El ejército recibió todos tos auxilios necesarios debidos, sin duda, tamo a los pueblos peruanos que los prestaban, como al jefe que los había ordenado tan oportuna y discretamente.

El General Sucre después de la acción de Junín se consagró de nuevo a la mejora y alivio del ejército. Los hospitales fueron provistos por él, y los piquetes que venían de alta al ejército, eran auxiliados por el mismo General; estos cuidados dieron al ejército dos mil hombres, que quizá habrían perecido en la miseria sin el esmero del que consagraba sus desvelos a tan piadoso servicio. Para el General Sucre todo sacrificio por la humanidad y por la Patria, parece glorioso. Ninguna atención bondadosa es indigna de su corazón, él es el General del soldado".

Cuando el Libertador lo dejo encargado de conducir la campaña durante el invierno que entraba, el General Sucre desplegó todos los talentos superiores que lo han conducido a obtener la más brillante campaña de cuantas forman la gloria de los hijos del nuevo mundo. La marcha del ejército unido desde la provincia de Cotabamba hasta Huamanga, es una operación insigne, comparable a lo más grande que presenta la historia militar. Nuestro ejército era inferior en mitad al enemigo, que poseía infinitas ventajas sobre el nuestro. Nosotros nos vimos forzados a desfilar sobre riscos, gargantas, ríos, cumbres abismos, siempre en presencia de un ejército enemigo y siempre superior. Esta corta pero terrible Campaña, tiene un mérito todavía que no es bien conocida en su ejecución ella merece un César que la describa.

La batalla de Ayacucho es la cumbre de la gloria americana, y la obra del General Sucre. La disposición de ella ha sido perfecta, y su ejecución divina. Maniobras hábiles y prontas desbarataron en una hora a los vencedores de catorce años y a un enemigo perfectamente constituido y hábilmente mandado. Ayacucho es la desesperación de nuestros enemigos. Ayacucho semejante a Waterloo, que decidió del destino de la Europa., ha fijado la suerte de las naciones americanas. Las generaciones venideras esperan la victoria de Ayacucho para bendecirla y contemplarla sentada en el trono de la libertad. dictando a los americanos el ejercicio de sus derechos, y el SAGRADO IMPERIO de la naturaleza.

El General Sucre es el padre de Ayacucho: es el redentor de los hijos del Sol es el que ha roto las cadenas con que envolvió Pizarro el Imperio de los Incas. La posteridad representará a Sucre con un pie en el Pichincha y el otro en el Potosí, llevando en sus manos la cuna de Manco-Capac y contemplando las cadenas del Perú, rotas por su espada".