ELEGÍA DE LA RAZA

 Por MIGUEL ANGEL LEÓN

 

 

 

Era recio,

el más recio de todos los vaqueros.

Bajo este sauce como

bajo una jaula de jilgueros

habíamos plantado nuestra choza.

La vida me pasaba haciendo risas en su boca

como se pasa el río haciendo rosas en la campiña.

Yo le daba mis brazos para que con ellos se ciña

como se ceñía la beta cuando se iba a luchar con los toros

venía con la tarde y con los ruidos sonoros

de su brava espuela.

La choza bien abierta, abierta como un día

sonreirle parecía

con sus menudos dientes claros de candela.

Yo sola, yo sola y mi perro

cerca del fogón preparando la hogaza;

siempre me traía del cerro

plumas de cóndor y pieles de chacal

adornos propios para mi raza.

Era de verle vestido, su vestido de cabra

tenía espinas y rosas como tiene el rosal

y era un lazo de amor blandiendo su palabra.

Era recio, el más recio de todos los vaqueros,

era de verle domando los potros más fieros.

La ardilla de su cuerpo estaba fundida en las candentes

fraguas de los volcanes;

de tanto darse contra los torrentes

se había endurecido

su carne bruñida;

le habrían paso hasta los huracanes

y no le importaba dejar la vida

como una cinta de sangre

en la punta de una lanza.

Apto para la guerra;

apto para la labranza

hacía de un puñado de tierra

un océano de maíz;

agarrado a su chacra como una raíz,

afilaba el machete de la venganza

en la piedra negra de su orgullo;

su palabra de odio era como un capullo

escarlata en la boca.

Esbelta la figura, bronceada la piel;

así era él,

indio de la raza pura,

hijo legítimo del sol.

Un día, lo recuerdo, un día

el amo hizo chasquear la rienda en el granito

de sus espaldas. Se oyó un grito,

un grito de coraje, un grito fiero.

que parecía

vibrar entre sus dientes como una hoja de acero.

Ese grito, era el grito de aquel hombre mío,

que al sentir el rayo de la rienda en la cara

lanzóse contra el amo

con los ojos cerrados,

como se lanzan los toros

a embestir el páramo.

El amo volvióse del color que tienen

los pétalos de la retamas.

Dió un paso, un trágico paso,

trémulo hacia atrás y de repente

sacudiendo su melena de llamas

del cinturón de cuero

salta la fiera de una pistola!...

El balazo

al sembrarse en la cara del recio vaquero

hizo brotar una amapola

de sangre.

Era la última víctima de la guerra

de la conquista;

sus labios besaban la tierra

y eran como dos lucecillas

moribundas su vista;

sus ojos que tenía el color de las uvillas

se habían enardecido

y como los tigres moría

mordiendo un bramido...

Cómo me pasó toda la noche hasta la madrugada

con el oído

puesto en su pecho oyendo su vida...!

Depués... todo fue nada,

murió el más recio vaquero de las vaquerías;

el que tenía

las espaldas anchas como los troncos de pino.

Después... todo fue nada,

y el amo ese día como todos los días,

bebió leche fresca y un vaso de vino.

Después... todo fue nada.

Solo yo por las noches oigo el sonar de su bocina

y siento que por los caminos camina

arrastrando su poncho;

y tengo envidia del perro de ojos de fósforo

que debe verlo en el concho

porque aulla tan negro; porque aulla tan hondo.

Canta mirlo negro: di tu deprofundis torcaza.

Río que vienes gritando desde arriba

llora mi dolor y el dolor de la raza,

de esta raza vencida.

Qué juro que era fuerte

cómo fue el hombre mío;

que juro que era bello como los búcaros

de las aguacollas rojas.

Juro que era bravo; por eso lo domaron

como se doma a los chúcaros

con el látigo y la rodaja;

Juro que tenía

los músculos anchos

y duros como las chontas.

¡Juto que algún día!

del bronce de su carne

como de un pedrisco, tiene que brotar la luz

Pero indio, pobre raza,

hasta de Jesús

no le enseñaron más que la cruz

y la corona de espinas,

nunca le dijeron que era hermano

del hombre que habla castellano

y a golpe como en las minas

extranjeron de su cuerpo el oro;

por eso no tiene más amigos

que el asno, el perro y el toro,

el que barbecha las tierras

y hace brotar los trigos.

Canta mirlo negro. Di tu profundis torzaza.

Río que vienes gritando desde arriba,

llora mi dolor y el dolor de mi raza.